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Pienso en las relaciones acabadas e inacabadas, conflictivas y sanas, de los amigos, allegados, aquellas que versan sobre las películas, la literatura, y, por sobretodo, en las propias. El “Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” de Zygmunt Bauman, describe muy bien lo difícil que es para los seres humanos establecer relaciones duraderas. Allí, en ese fantástico libro, y después de varías sesiones con discípulos de Freud, voy encontrando respuestas a la ocurrencia de hechos vivenciales propios y extraños.

Y es que hoy, y como el sociólogo polaco afirmaba, los lazos afectivos son más frágiles y nuestra confianza en el otro se ve mermada por las sociedades profundamente individualistas en las que vivimos.

Para mi el amor ha ido evolucionando, lo viví desde las formas más inocentes, apasionadas, demenciales y confusas. Ahora, y después de mucho trabajo, inacabado por supuesto, confío en que las relaciones sanas y saludables son posibles. Me apuesto por eso y voy un día a la vez.

El amor para mi ahora tiene diferentes olores y hasta matices en los que encuentro confianza y sosiego. El olor a café por las mañanas, un desayuno caliente y la calidez de la compañía de la persona amada, son hechos que me hacen confiar nuevamente en el amor y en mi propia capacidad de amar-me.

Pero claro, hay otro tipo de amores, el más leal y longevo, en mi caso, el de mi madre. Mi padre murió hace ya mucho tiempo atrás, así que revivo el amor de mis familia a través de ella. Por asuntos de distancia no nos frecuentamos tanto como queremos, sin embargo, cada vez que llego a su abrazo la vida toma sentido en muchas formas.

Me es imposible conceptualizar el amor. Este se transforma y toma diferentes rostros con el paso del tiempo. Sin embargo, sigue siendo el motor para avanzar siempre.

Lo que sí he aprendido es que uno debe respetar siempre los deseos del propio corazón. Algunos de ellos pueden verse frente a los ojos de los demás como arcaicos, vetustos, pacatos, descabellados y sin sentido, sin embargo, si nacen de un deseo del corazón, son legítimos. Y realizarlos, es un deber personal.

Pd: L’amour o el amor, no hace referencia a la película de Andy Warhol, sino a esa palabra que en todos los idiomas es enigmática y hermosa, pero que en francés suena aún mejor.

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