Drácula de Bram Stoker

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Esta es una historia bastante distinta a la que tenía en mente, de hecho, sobrepasó mis expectativas y desechó con gran altura mis ideas preconcebidas.

Uno se mueve cómodamente entre las páginas de esta magnífica novela. Las formas y modos en los que se expresan los personajes hacen que sea fácil sentirse transportada al siglo XIX. El autor siempre me mantuvo en suspenso y me sumergió en la lógica de sus personajes con absoluta naturalidad pese a la naturaleza de la trama y a la diferencia de época en la que la obra fue escrita.

La historia de Drácula (1897) inicia con Jonathan Harker, un procurador inglés, quien emprende un viaje hacia Transilvania, un lugar remoto ubicado en el sistema montañoso de Los Cárpatos, con el objetivo de conocer y visitar al Conde Drácula, un noble, quien ha solicitado la presencia del procurador ya que ha adquirido una propiedad en Inglaterra. A partir de su llegada al lúgubre y derruido castillo del conde, Jonathan se ve sumergido en una serie de espeluznantes situaciones.

Si bien la historia comienza así, poco a poco, se van incorporando personajes fundamentales, como: Mina, Lucy, el doctor Seward, el extraordinario doctor Van Helsing, entre otros; al tiempo en que van suscitando una serie de variados e intrigantes eventos.

En esta novela, los hechos son contados a través de diarios personales, cartas, bitácoras, recortes de diarios, informes, entre otros. El libro es muy detallado pero bajo ningún concepto aburrido y, por supuesto, su extensión es justa en todo el sentido de la palabra.

¡Que imaginación sublime la de Bram Stoker! Dar vida a estas criaturas, otorgarles poderes sobrehumanos, adjudicarles objetos que les asustan y detienen (crucifijos y ajos), consignarles el castigo de vivir de la sangre ajena, todo eso me parece obra de una menta excepcionalmente brillante.

Este es otro libro que hallé abandonado en la casa de mi madre, víctima del olvido. Lo veía constantemente en los estantes de mi habitación de adolescente y nunca me animé a leerlo. Ahora que pude visitarla, supe que era hora de traerlo conmigo. Vaya que no me equivoqué.

Calificación: 5/5

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