Una ecuatoriana en el Camerún

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Allá por el 2011 visité el Camerún, país africano del que no tenía casi ninguna referencia fuera de la existencia del jugador de fútbol, Samuel Eto’o. No es muy común que los latinos* visitemos el África, y menos aún, la subsahariana. Antes de emprender el viaje sentía la ansiedad de adentrarme en lo desconocido y los nervios propios de la viajera poco experimentada. Salí de mi pequeño país un enero. Arribé en Francia y posteriormente llegué a mi destino final, ese país maravilloso en el que me quedé por tres meses y del que, por sobretodo, me quedan maravillosos recuerdos. 

Nunca pensé que uno de los primeros y más importantes viajes que haría en mi vida tendría como destino un país africano. Ese privilegio estaba destinado a los viajeros más experimentados y a aquellos que les apetecían los destinos más exóticos. Yo que apenas había visitado otros lugares del mundo, me sentía dubitativa, asustada y completamente expectante de lo que me esperaba. Sin embargo, mis noches de insomnio, toda mi incertidumbre y ansiedad se vieron desplazadas no mucho tiempo después, dadas las sorpresas que esa tierra me tenía preparadas.

Pese a ser originariamente de clima subtropical y haber empacado ropas ligeras, me topé con que el Camerún era aún más caliente de lo que había imaginado. Sin embargo y, estoicamente, soporté con valentía esas altas temperaturas de las que hablan los viajeros cuando se refieren al continente africano. 

Otro de los grandes obstáculos fue aprender el idioma oficial de este país francófono. Si bien tenía conocimientos del idioma, el francés camerunés era muy distinto al que aprendí en una escuela francesa de los Andes. Fui un día a la vez, empecé por las frases sencillas, y terminé aprendiendo el idioma por el oído, como los africanos suelen aprender idiomas distintos a los natales. Nunca llegué a hablarlo perfectamente, menos aún a escribirlo, pero cuando intenté dejar de hablar el idioma como los franceses y me entregué a la permisiva mezcla entre el español y el francés de Camerún, el asunto empezó a fluir. Eso se lo debo a mis amigos españoles, quienes imprimían su acento natal con mucho orgullo en cada expresión en francés. Incluso terminé realizando encuestas a personas que vivían en cierta zona de la capital camerunesa. Mi éxito aún me enorgullece. 

Los asuntos culturales fueron los que más me sorprendieron y continúan haciéndolo. Los africanos tienen un gusto por lo estético y una percepción del tiempo, absolutamente distintos, inclusive a los de los latinos. Sus ropas de múltiples colores, hacen de sus vestimentas los atuendos más hermosos que he visto. De hecho, en sus funerales, fiestas patrias, procesos electorales y demás, utilizan impresiones en sus ropajes que los convierten en prendas vistosas y llenas de vida.

Rostro del presidente del Camerún estampado en un vestido

En cuanto a la concepción de los cameruneses sobre el tiempo, y como lo decía Ryszard Kapuściński, en su novela “Ébano”, es muy distinta a la de Occidente. Los cameruneses podían esperar con suma paciencia el arribo de un bus, que con varias horas de retraso, llegaba a la terminal de la que planeaba salir. 

No puedo resumir en esta nota, todas las cosas que vi y presencié. Matrimonios y la algarabía de las mujeres que festejaban con cánticos y gritos; y, funerales en los que se sacrificaban cabras y en los que algunos asistentes perseguían a las hijas del fallecido y les azotaban en las piernas con varas, como ritual de llamado a guardar la compostura dada la ausencia del padre. Además, de un auto 4×4 que paseaba por la ciudad repleto de las carnes, vísceras y sangre de vacas y bueyes recién cercenados en un camal local. Aun puedo recordar todos estos eventos y me sigo maravillando.

Conocí reyes musulmanes y su descendencia en el Reino Bamoun y en el Reino Bafut. En el Reino Bamun, en Foumbam al oeste de Camerún, específicamente en el Palacio del Sultán vi al rey, a sus doce esposas y algunos de sus 35 hijos. Mientras que en el Reino Bafut, ubicado en Bamenda al noroeste de Camerún, vi al rey, sus 8 esposas y 45 hijos. Él va 57 años en el trono.

Foumban – Reino Bamuon (Oeste del Camerún)

El Camerún me otorgó amigos que continúan en mi vida pese a la distancia.

Gema, quien tiene el valor de una piedra preciosa en todo el sentido de la palabra, es mi amiga española con quien compartí todo mi tiempo de estancia en el bello país africano. Pese a nuestra diferencia de edad, que se amplía a más de tres décadas, continuamos siendo confidentes y amigas.

Rosine, a quien conocí a sus 17 años, una joven que en aquel entonces se debatía entre difíciles decisiones y terminó tomando la más acertada. Ella sigue viviendo en Yaoundé y se ha dedicado a las labores de enfermería.

Berta, ecuatoriana de nacimiento pero a todas luces ciudadana del mundo, quien lleva más de 25 años en el Camerún. Una mujer de un inmenso corazón e infinita nobleza, artífice de éxitos no reconocidos.

Ana y Pablo, un par de madrileños, quienes me posibilitaron encontrar una tarea y me hicieron sentir útil durante mi estancia. Fueron mis compañeros de viaje a Kribi, y unos fantásticos guías turísticos en su natal España. Gracias a ellos conocí la bella Barcelona. Por eso y más, siempre les estaré agradecida.

Elías, un taxista nigeriano, quien me hizo la vida más sencilla y me cuidó durante toda mi estancia. Batallamos con policías corruptos, me mostró las setas más enormes que he visto en la vida y me hizo conocer lo bello que puede ser un buen padre. Su hijo es uno de los niños más hermosos que he conocido.

Los recuerdo y los quiero con todo mi corazón. Ellos fueron mi más grande regalo en aquel entonces.

Rosine Amouye, mi compañera durante la estancia

Camerún no solo me otorgó amigos únicos y experiencias que me marcaron para siempre. Creo que es un país vasto y maravilloso, mucho más verde de lo que se cree, y repleto de gente fascinante que día a día enfrenta sus propias luchas. Recomiendo este destino ampliamente, no solo para quien pretende empaparse de una realidad distinta, sino para todos aquellos que necesitan revolver su realidad. Nunca se vuelve a ser el mismo después de pisar las tierras de color rojo de este pedazo del África subsahariana.

Nota: Utilizo el término «latinos», para referirme a quienes provienen de Latinoamérica, con esto no quiero decir que LA se trata de un conglomerado homogéneo y del cual se puede hablar en términos generales y extrapolables.

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