Costa Rica, país con sabor a miel

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Costa Rica es, sin lugar a dudas, uno de los países más hermosos que he visitado. Creo que nunca me he sentido más cómoda y bien recibida en ninguna otra nación.

Cuando planificaba mi viaje a Costa Rica, algunos amigos que conocen muy bien Centroamérica, me hablaron de las maravillas que aguardarían por mi en Guatemala, Nicaragua, etc., sin embargo, me dijeron poco sobre este bello país en el que la pura vida, no es solo una expresión idiomática sino también un estilo de vida.

Dado que mi expectiva no era enorme no planifiqué quedarme mucho tiempo en el país tico, hecho que lamento mucho, ya que Costa Rica me robó el corazón y deseo con locura regresar en algún momento.

Como cuasi capitalina que soy, San José de Costa Rica me obnubiló. Lejos de ser una urbe convulsionada, San José ofrece una serie de comercios, plazas, monumentos y sitios históricos de auténtica belleza. La ciudad es fantástica y lo mejor de ella, su gente. Recibí cientos de sonrisas y expresiones gentiles, y sus modos de conversar son siempre amigables y atentos. No creo que se esfuercen mucho, estoy convencida de que los ticos son genuinamente así.

San José de Costa Rica

El mercado de San José es un sitio que debe visitarse, no solo para probar las delicias culinarias que allí se ofrecen, sino también para conocer las lógicas de comercialización de los productos ticos. Los olores del café, frutas, carnes, mariscos y demás productos se entremezclan y crean una atmósfera cálida e interesante. Allí probé la fantástica olla de carne, que según me dijeron, es la cura perfecta hasta para la peor resaca.

Mercado de San José de Costa Rica

Cartago, que no tiene acento en la primera sílaba, ojo con eso, pues si se pronuncia mal nadie entenderá, es una maravilla histórica y cultural. Allí tuve la oportunidad de probar mi primer “casado”, un plato típico costarricense que contiene arroz, frijol, pasta, ensalada y chuleta, aunque puedes elegir entre otras proteínas, como pollo o carne.

Mercado de Cartago

Otro fantástico estadio de este bello país fue Quepos y su inigualable Parque Nacional Manuel Antonio. Las maravillas naturales de este sitio son indescriptibles. En tan solo pocas horas vi: venados, monos aulladores y capuchinos, guatusos, mapaches y osos perezosos. Sé que puede parecer un cliché, pero allí se vive la experiencia de acercarse a la naturaleza al máximo.

Después de visitar este parque durante un día entiendes que el prestigio del país a nivel internacional, relacionado con temas de conservación, es muy digno y merecido. Además al dejar el parque, y después de un día de intenso calor, pude disfrutar de un coco con un chorro de Flor de Caña ¡absolutamente  delicioso!

Parque Nacional Manuel Antonio, Quepos

Desafortunadamente el único aspecto un tanto negativo, para los turistas que no solemos viajar con presupuestos altos, es que Costa Rica puede resultar caro. La moneda nacional es el colón costarricense.

La comida, hostelería y otros servicios son elevados. Sin embargo, se puede buscar hostales económicos u optar por Couchsurfing, viajar en transporte público y comprar alimentos en supermercados. Aunque es un tanto caro, creo que cualquier esfuerzo vale la pena para conocer el país de la pura vida.

Las playas de Pacífico son muy apeticidas por surfistas, mochileros, etc. Una muy buena opción, posterior a la visita a Quepos, fue dirigirme hacia la playa de Uvita y conocer el Parque Nacional Marino Ballena. Los atardeceres allí son inolvidables, una suerte de aurora boreal se extiendió sobre la playa el día que la visité. Además, este sitio es muy conocido ya que desde la perspectiva de un dron en movimiento se puede ver en ciertas horas del día, la formación natural de una cola de ballena.

Parque Nacional Marino Ballena, Uvita

Antes de viajar a Costa Rica, leí muchos blogs acerca de la seguridad en este país. En muchos de éstos, alertaban sobre la necesidad de estar vigilantes al viajar a este territorio. Puedo decir, con seguridad, que no comulgo con ellos. Nunca tuve ni un ápice de sensación de inseguridad. Todo lo contrario, siempre me sentí segura y tranquila.

Espero con ansias reunirme con mis amigos viajeros y consejeros de Centroamérica para hacerles saber que Costa Rica me gustó muchísimo más de lo previsto. De hecho, considero que la nación costarricense seguirá sorprendiendo a propios y extraños. Creo que la calidez de su gente es un reflejo de su buen vivir; y, que las maravillas naturales que poseen son únicas en el mundo.

¡Pura vida a Costa Rica siempre!

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